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Hay que ser interesado. Networking: el poder de los vínculos.

El networking no es una mala palabra ni un invento de vendedores. Es una estrategia más vieja que el agujero del mate — y funciona mejor apenas dejás de fingir que no te interesa.

Hay que ser interesado: el poder de los vínculos

Resulta que esa palabrita mundialmente conocida en inglés como “networking”, no es otra cosa más que una estrategia más vieja que el agujero del mate.

Pero definamos primero qué es eso del networking.

El networking es más o menos la creación y mantenimiento de relaciones estratégicas. Hablando claro: es relacionarse con alguien por tener cierto interés mutuo.

Pero, ¿cómo que “de manera interesada”? Si claro, porque tener interés en conectarse con personas que puedan abrirte puertas en lo profesional, social y personal no tiene nada de malo.

El tema está en construir vínculos auténticos. La gente no es estúpida y el interés forzado lo detecta. Y ¿adiviná qué? No resulta y no se siente bien.

El networking es ante todo una necesidad humana

Desde el día uno, la humanidad entendió que tener contactos valía más que cualquier tesoro.

En la Edad Media, los artesanos y comerciantes se unían en gremios para proteger sus intereses, intercambiar truquitos de oficio y asegurarse —dicho mal y pronto— de que sus productos no fueran una porquería que dañase su reputación. Esas primeras redes de contactos permitieron a muchos prosperar en un mundo donde la reputación era todo.

Como en “El Padrino”, todo es cuestión de a quién conocés. ¡Pero no seamos mafiosos, eh!

Con buenos contactos, estás un paso más cerca del éxito; sin ellos, te quedás mirando cómo otros logran lo que querés, y vos desde tu sillón, pensando: “¿Cómo hicieron estos que no son mejores que yo?”

Networking. Lo lograron gracias al networking.

El poder real del networking no se adoptó hasta los años 70 y 80, cuando el término se hizo popular y se comenzó a entender que conectar no era solo para vendedores.

Dato no tan al pedo: fue por ese entonces cuando un tal Mark Granovetter salió con su teoría de “La fuerza de los vínculos débiles”, que quiero comentarles porque me parece muy interesante, además de bastante fácil de comprobar por uno mismo.

La teoría dice que tener amigos cercanos es genial, pero si querés verdaderamente despegar, necesitás activar esos “vínculos débiles” o “contactos lejanos”, esos que apenas conocés. Esos vínculos, más que los amigos y tu círculo de siempre, son los que pueden darte perspectivas frescas y acceso a nuevas oportunidades.

Por eso sé amable siempre y no subestimes ni una sola conexión, ni al que viste una vez sola en un evento e intercambiaste números. Esa persona puede ser la puerta a tu próximo gran proyecto.

A mí la teoría me hizo pensar en “Forrest Gump”. ¿Viste que estaba siempre en el lugar correcto, en el momento justo, y aunque sus conexiones con personas influyentes se daban de forma casual, cada uno de esos encuentros le abría una nueva puerta? Creo que la película logra captar esa esencia de los “vínculos débiles”, que paradójicamente pueden ser muy fuertes.

No podemos dejar de hablar del networking en la era digital

En los queridos 90 —donde fui una niña—, llegó el bendito Internet, y con él, el networking dio un salto cuántico.

Más precisamente en 2002 LinkedIn apareció y, de repente, podías conectar con cualquier persona en el mundo, al instante y sin moverte desde la comodidad de tu casa.

Hoy, ¿querés conectar con un CEO de Nueva York? Listo, lo podés hacer apretando un botoncito en tu celular. El networking dejó de ser solo de eventos y se convirtió en parte esencial de cualquier estrategia profesional.

Hoy te invito a reflexionar: ¿Sos alguien que construye relaciones auténticas y valiosas? ¿Estás usando todas las herramientas a tu alcance para expandir tu red o estás dejando ir oportunidades?

Vivimos en una era en la que estamos hiperconectados, no vamos al baño sin el celular, admitámoslo. Aprovechá la tecnología y conectá más allá de tu círculo cercano.

Sumate al networking que potencia, accionando, siendo auténtico y haciendo que tus vínculos —por más débiles que parezcan— trabajen a tu favor.